Una gran amiga andaluza estará contenta de que lo haya empezado, ya que en parte ella me ha empujado a empezarlo hoy tras leer un mensaje suyo. La idea será mantener el ritmo de una entrada diaria, pero siendo realistas, sé que no lo cumpliré en la mayoría de ocasiones, pero se hará lo que se pueda. Sin más preludios, paso a contaros la vida en el santuario.
Conocí El Hogar de Luci a través de Facebook, esa gran red social que tanto servicio hace para tantas organizaciones sin ánimo de lucro, o rescates de animales y adopciones o acogidas. Para entonces yo ya vivía vegano, sin comer nada que proviniera de ningún animal ni comprando nada que utilizara sus pieles o cualquier parte de su cuerpo. Me enamoró la idea de los santuarios, que hasta entonces desconocía, y ya desde la distancia colaboré todo lo que pude con ellos, haciendo carteles para Facebook, llevando alguna campaña, y difundiendo todo lo posible.
En cuanto me enteré que necesitaban un voluntario residente no lo dudé ni un momento y pedí la plaza, que afortunadamente conseguí. No hace todavía un año que di el paso hacia el veganismo, y ya iba a poder hacer algo realmente conforme mi nueva forma de vida; ayudar con mis manos y mi tiempo a animales que lo han pasado realmente mal y se merecen tanto como tú o como yo, vivir en buenas condiciones, sin maltratos de ningún tipo y en armonía.
Llegué al santuario el veinticuatro de diciembre, como el niño Jesús al portal de Belén. A mí me recibieron ovejas, pero sin pastores que las explotaran, por supuesto. Una chica voluntaria estaba de guardia, y me recibió muy amablemente, me preguntó si quería cenar algo, a lo que contesté que no tenía hambre, y me llevó a donde iba a dormir todo el tiempo que pasara aquí. El sitio era la casa de los gatos leucémicos.
Es una casita pequeña, con dos camas y dos torres para gatos. La habitan cuatro preciosos gatos: Jorge, Rosita, Gala e Inés. Todos leucémicos, pero hacen una vida totalmente normal. La verdad es que es acogedora. Estoy a gusto entre tanto gato. Siempre despierto con tres de ellos en la cama, y me duermo entre “ronrons”.
Tras pasar la noche y amanecer, me dirigí a la casa oficina. De camino me encontré ovejas tiradas en la tierra, cobijadas bajo un árbol, mirándome tranquilas. Podía oír también los ronquidos de los cerdos, hundidos entre paja en sus casetas. Estaba encantado, dando los buenos días a todos y embobado observándolos a todos con la luz del día. Conocí a los responsables del santuario, una gente encantadora, amante de los animales y entregados a ellos con su tiempo y su vida. Realmente admiro su dedicación y voluntad.
Una vez bien desayunados, pasamos a conocer a todos los habitantes: cómo se les alimenta, cómo se les trata, las tareas diarias de mantenimiento, etc. De no haber visto apenas animales que no fueran de compañía en persona, pasé a ver a muchos de ellos y tener contacto directo: ovejas, cabras, cerdos vietnamitas, una “cerdita” – es enorme – ibérica, patos, ocas, palomas, gallinas, un gallo de pelea ciego, una vaca que iba a convertirse en hamburguesas y cada día está más grande… Me encanta estar rodeado de tantos animales.
Al principio estaba nervioso y tenía miedo de no hacerlo bien, pero en pocos días ya tenía la situación bastante controlada. Lo que peor llevo son las curas, pues siempre voy a ir con miedo de hacer daño, pero es necesario aprender y mejorar en este importante aspecto, ya que desgraciadamente muchos de los animales que llegan a los santuarios lo hacen en condiciones deplorables, víctimas de la explotación y/o la mano de sus mal llamados propietarios, y suelen necesitar de curas y cuidados intensivos.
Estoy conociendo muy buena gente y con los mismos ideales que yo respecto a todos los animales, y eso me está encantando. Donde vivo no tengo amigos veganos, y uno se siente bastante solo en ese aspecto. Puede parecer algo absurdo, pues también se pueden tener grandes amigos que no piensen como tú o coman de todo, o como mínimo yo los tengo, pero estar en un ambiente vegano es realmente reconfortante.
En fin, en la próxima entrada contaré lo duro que ha sido decidir qué hacer, si quedarme indefinidamente o hasta una fecha concreta, lamentablemente mucho más corta de lo que yo hubiera querido, pero no tengo alternativa. Lo dicho, en la próxima entrada cuento más, sobre la decisión y el porqué de haberme hecho vegano hace unos diez u once meses y hasta que suelte mi último aliento… Un abrazo vegano para tod@s.

Plas, plas, plas!!
ResponderEliminarQué alegría me he llevado al ver entrada inaugural, y encima con mención a una servidora! :_)
Me ha encantado tu principio en EHDL, quiero saber más, pero al menos ahora tengo una idea de cómo estás viviendo. Rodeado de gatis! Ronroneos gratis! ^^
Estaría chulo un perfil de cada uno de los refugiados y tus impresiones sobre ellos, pero soy consciente de lo reventado que tienes que acabar el día, no me extraña nada que hayas tardado tanto!
Ánimo y fuerza! Estás haciendo algo bondadoso y muy importante, y dure lo que dure tu estancia allí, te llevarás esa sensación tan buena contigo.
Un abrazo vegano!
Pues es buena idea Alma, ya iré metiendo perfiles en algunas entradas ;)
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